Mientras la abogada víctima recibe contención psicológica, diferentes dependencias de la policía realizan averiguaciones para dar con el paradero de Silvio Fernando Perea, un peligroso sujeto que la torturó por al menos dos meses.
La medida fue solicitada por la Unidad de Violencia de Género e Intrafamiliar, luego de que la letrada develara el calvario que vivió a manos de Perea a quien conoció a través de las redes sociales y a pocos días de conocerse, decidieron convivir.
La odisea de la letrada (44) salió a la luz a raíz de un incidente ajeno a su historia. Un abogado se presentó en la Comisaría Primera y denunció que un sujeto entró armado al edificio de Belgrano, entre Rivadavia y Alvarado, amenazando con matar a alguien.
Cuando la policía se presentó en el complejo se entrevistó con vecinos quienes alertaron que una mujer a diario gritaba pidiendo ayuda, aparentemente era agredida.
En ese momento los investigadores golpearon a la puerta del departamento de la víctima y la hallaron con lesiones de consideración a causa de los golpes, que Perea supuestamente le había propinado. Además tenía graves quemaduras.
La víctima contó que se vinculó con el ahora prófugo, por Facebook. Cuando decidieron convivir comenzaron las agresiones físicas las cuales fueron confirmadas por los médicos que la asistieron: tenia golpes en el rostro, la frente, hematomas en los dos brazos, cortes en el omóplato y hasta quemaduras en un pie. “Lo hizo con un cuchillo caliente”, reveló la víctima muy avergonzada.
Mientras los policías la trasladaron al Hospital Regional por una resonancia magnética y placas radiográficas la Fiscalía ordenó que Perea —un supuesto vendedor de zapatos— fuera aprehendido de inmediato. Pese a las averiguaciones hasta el cierre de la presente edición no se logró dar con su paradero.
Pero Perea no es una persona desconocida para la Justicia ni para la policía ya que pesa a sobre él un extenso prontuario, con registros desde el año 2012 cuando por defender a su pareja de ese entonces —una conocida escribana— atacó a golpes a la policía.
La historia sostiene que en agosto del 2012 —en el marco de una investigación por falsificación de documentación— Perea estaba en pareja con una conocida escribana santiagueña. Ella era la principal implicada en esa investigación.
El día 16 de agosto, personal de Delitos Económicos aguardaba a la escribana en la explanada del acceso principal al Palacio de Tribunales, con la finalidad de detenerla por orden del juez Darío Alarcón.
En ese momento apareció en escena Perea, quien a bordo de un Audi intentó ayudar a la profesional a fugarse. Pese a sus intenciones ambos fueron reducidos. El vendedor de zapatos en ese momento agredió al personal policial, por lo que quedó tras las rejas.
El segundo episodio violento y público que protagonizó Perea fue a finales de 2018. Esta vez la víctima fue la propia escribana, quien por ese entonces había decido ponerle fin a la relación amorosa que tenían, pero él no aceptaba tal decisión.
Por ese entonces la escribana lo denunció por amenazas y fue la Dra. Cecilia Laportilla —jueza de Género— quien le impuso medidas restrictivas e impedimento de contacto que Perea vulneró, ya que siguió hostigando a la profesional.
En febrero del 2019, la escribana nuevamente recurrió a la Justicia. “¡Te voy a c… matando y c… la vida. A mí nadie me deja. Aquí tengo un chumbo. Voy a salir y los voy a c… matando a todos!”, era las amenazas que recibía por parte de Perea. En ese entonces también se solicitó su detención. Hace dos años otra ex pareja —con quien tendría un hijo en común— también lo acusó por violencia de género y pidió que la Justicia le ordenara no acercarse a ella.
Buscan entre sus conocidos
Al cierre de la presente edición, mientras la víctima tenía protección, la policía realizaba averiguaciones para dar con el paradero de Perea, quien tendría domicilio legal en el Bº Colón.
Para dar cumplimiento a la medida los efectivos habrían arribado a una casa ubicada sobre calle Melvin Jones y allí confirmaron que la propiedad —que era la casa de los padres de Perea— había sido vendida hace varios años y tendría nuevos dueños.
Según se supo, el acusado —nacido en Buenos Aires— no tendría otro domicilio por lo que la búsqueda se hacía cuesta arriba para los investigadores. El vendedor de calzados tampoco contaría con celular.
Por estas horas los investigadores indagaban en el círculo de amigos del acusado.
Fuente: El Liberal