Los senderos de los parques provinciales, los bosques de Palermo, los árboles de la plaza cercana a nuestras viviendas con sus espacios verdes, jardines botánicos, senderos de parques provinciales de la Selva Misionera, entornos cordilleranos en Villa La Angostura o Bariloche, las yungas del norte, los bosques en el Delta, o incluso los mágicos bosques que bordean la costa argentina nos generan una atracción indescriptible por la sensación de bienestar que brindan el disfrute del paisaje o el respirar aire puro.
Esa seducción se siente en el cuerpo y la mente a través de los “Baños de Bosque”, una oportunidad que nos invita a sumergirnos en el bosque con los cinco sentidos, generando bienestar emocional, psicológico y físico.

En la Argentina, cada 29 de agosto se celebra el Día Nacional del Árbol, fecha que se estableció en 1900, por iniciativa del Dr. Estanislao Zeballos ante el Consejo Nacional de Educación, y se celebró por primera vez en 1901. Desde entonces, la fecha busca concientizar sobre la protección del arbolado y la promoción de políticas de forestación.
Este año, desde la Asociación Forestal Argentina (AFoA), convocan a la sociedad a descubrir el valor fundamental que tienen los árboles para la vida, ya que no solo embellecen nuestros paisajes, sino que entre otras múltiples funciones oxigenan el aire, sostienen el suelo, combaten el calentamiento global, y constituyen ecosistemas vitales para nuestra salud colectiva.
Más allá de su función ecológica, los árboles también nos habitan, nos calman y nos recuerdan quiénes somos. Por ello, desde la AFoA proponen ampliar la conversación: hablar de árboles no solo como recurso, sino como aliados de nuestro bienestar físico, mental y emocional.
«Independientemente de si sabemos mucho o poco sobre ellos, hay algo en lo que todas las personas que han paseado alguna vez por un bosque coincidirán: ese rato, largo o breve, produce algo diferente», expresa la Ingeniera Forestal Ana M. Lupi del INTA – Instituto de Suelos, CIRN, guía certificada en baños de bosque y coach ontológico.
“Quienes caminan por entornos naturales con bosques suelen describir que andar tranquilos, lentos, les hace sentir mejor… en paz.”

Los árboles nos sanan: la ciencia lo demuestra
Los beneficios del contacto con los árboles ya no son solo parte de la sabiduría ancestral. La neurociencia y la medicina preventiva lo respaldan con evidencia concreta:
◊ Investigaciones del Barcelona Institute for Global Health muestran que niños expuestos a espacios verdes presentan menor estrés medido por niveles de cortisol.
◊ En Escocia, se observó que los adultos que viven cerca de zonas arboladas reportan mejor estado de ánimo, más sueño reparador y menos ansiedad.
◊ Estudios liderados por el Dr. Yoshifumi Miyazaki (Japón) prueban que caminar apenas 15 minutos en un bosque reduce el cortisol, baja la presión arterial y eleva el ánimo.
◊ El proyecto Urban Mind (King’s College London) demostró que incluso el canto de aves o la presencia de árboles en ciudades genera un efecto restaurador inmediato.
Y todo esto no requiere grandes hazañas. Como dice Ana Lupi: “No se trata de hacer ejercicio, sino de estar presentes, abrir los sentidos, dejarse abrazar por el bosque.”

Shinrin-yoku: volver al bosque como terapia
Los baños de bosque, o shinrin-yoku en japonés, son una práctica validada internacionalmente. Consisten en caminar despacio y en silencio por un bosque, prestando atención a los aromas, texturas, sonidos, colores y sensaciones. Sin celular. Sin objetivos. Sin apuro.
La práctica regular ayuda a:
- Fortalecer el sistema inmune
- Disminuir la ansiedad y la depresión
- Bajar el estrés y la presión arterial
- Mejorar el sueño, la autoestima y el humor
- Fomentar la cohesión social y el bienestar general
Muchos países ya integran los baños de bosque a sus sistemas de salud pública, con médicos que los prescriben formalmente como parte de un enfoque preventivo y humanizado.

En números y en emociones
Argentina posee aproximadamente 47,9 millones de hectáreas de bosques nativos, distribuidos en 7 regiones forestales y albergando más de 450 especies leñosas. A eso se suman las plantaciones forestales gestionadas bajo principios de sostenibilidad. Pero más allá de su valor cuantificable, los árboles tienen una dimensión simbólica y espiritual que impacta profundamente en nuestras culturas, emociones y decisiones.
Desde AFoA, agregan que “este 29 de agosto no solo sea una celebración institucional. Queremos que sea una pausa consciente. Una excusa para salir, mirar un árbol, sentarse bajo su sombra o adentrarse en un bosque”.
Respirar. Sentir.
El mejor momento para plantar un árbol fue hace 20 años. El segundo mejor momento, es hoy”, dice un antiguo proverbio chino.
Hoy también es un gran momento para abrazar su presencia, honrar su rol silencioso y permitirnos volver a ellos como fuente de salud, sentido y reconexión. Los árboles sostienen la vida en todas sus formas. Eso, también incluye a las personas.
